La imposición de cuotas de producción más duras sin subidas salariales
desencadenó el 17 de junio de 1953 el inicio de amplias protestas obreras en
Berlín oriental. Pronto la agitación se extendió al resto de la RDA,
adquiriendo cada vez más los rasgos de una protesta política, de las protestas
laborales se pasó a la demanda de elecciones libres.
Las protestas pronto se hicieron más violentas adquiriendo una extensión y
duración mucho mayor de lo que nadie esperaba. Los altos cargos del SED
(Partido Socialista Unificado de Alemania, el partido comunista de la RDA) y
su líder Walter Ullbricht perdieron el control de la situación. La reacción
soviética fue inmediata. Los carros de combate reprimieron por la fuerza la
respuesta, abriendo fuego contra los manifestantes.
Las protestas en la RDA tuvieron lugar en medio de la lucha por el poder en
Moscú. Los incidentes en Alemania oriental fueron utilizados por los
diversos bandos enfrentados. La detención y ejecución del jefe del aparato
represivo de Stalin, Lavrentii Beria, fue parcialmente justificado por los
problemas en Alemania.
En Washington, pese a que Eisenhower había llegado al poder entre propuestas
de hacer retroceder a los soviéticos en Europa ("roll back"), las
posturas prudentes se impusieron, y EE.UU. se mantuvo impasible ante la
represión de los tanques soviéticos.
Los sucesos de 1953 hicieron que la nueva dirección soviética abandonara
cualquier idea de reforma en las "democracias populares". El mantenimiento en
el liderazgo de la RDA de Walter Ullbricht mostraba que el Kremlin optaba por
la línea dura. La intervención militar creó un modelo que se iba a repetir en
1956 en Hungría y en 1968 en Checoslovaquia. La incapacidad del modelo
soviético para "convencer" a las poblaciones de las "democracias populares",
llevó a estallidos de protesta brutalmente reprimidos por la vía militar.