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Política de Apaciguamiento

Una de las varias reuniones que celebraron
Neville Chamberlain y Hitler
 



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Política basada en solucionar los conflictos por medios pacíficos y de compromiso en lugar de recurrir a la guerra. Este concepto de apaciguamiento (appeasement) está normalmente asociado a la figura de Neville Chamberlain y tiene un claro matiz peyorativo.

Sin embargo, para comprender plenamente la postura del líder conservador británico es necesario remontarse al Tratado de Versalles (1919). Muchos, especialmente entre la opinión pública británica, consideraban que Alemania había sido maltratada en la Conferencia de París. Las exorbitantes reparaciones de guerra o la injusta aplicación del principio de las nacionalidades en Austria, Danzig o los Sudetes, hacían que muchos fueran proclives a una revisión del Tratado. A todo ello se le unía el vivo deseo de evitar de nuevo los horrores de la Gran Guerra y la conciencia del relativo declive de un poder británico que debía hacer frente a múltiples desafíos en todo el planeta.

La falta de reacción ante la invasión japonesa de Manchuria en 1931, el acuerdo naval anglo-alemán de 1935, en el que Londres se avenía a ignorar las cláusulas de Versalles, la nula respuesta a la ocupación de Renania en 1936... son claras muestras de la actitud británica. Cuando Neville Chamberlain accede al cargo de primer ministro lo único que hace es continuar una política bien asentada. Chamberlain, por un lado, pensaba, equivocadamente, que Hitler era un hombre con el que se podía llegar a acuerdos, por otro lado, desconfiaba profundamente de la URSS. Esto explica su tácita aprobación del Anschluss en 1938 y su convicción, cuando estalló la crisis de los Sudetes en 1938, de que el pueblo británico no iría a la guerra "por una disputa en un lejano país entre gente de la que no conocemos nada". La firma del Pacto de Munich era la consecuencia evidente de este planteamiento. Lo cierto es que la mayor parte de la opinión pública británica vitoreó a Chamberlain a su regreso de Munich. Era el hombre que había conseguido "la paz para su tiempo".

La realidad estalló ante los ojos británicos en marzo de 1939 con la ocupación nazi de Checoslovaquia. El apaciguamiento había llegado a su fin y Gran Bretaña y Francia prometieron apoyar a Polonia en caso de ser atacada. El pacto germano-soviético en agosto de 1939 abrió el camino al ataque alemán a Polonia y a la guerra general.

La política de apaciguamiento se reveló como un rotundo fracaso: lejos de satisfacer a Hitler, la actitud de Chamberlain persuadió a Alemania de que Francia y Gran Bretaña permanecerían de nuevo inactivas si atacaba a Polonia. De hecho, facilitó el estallido de un conflicto que iba a superar con creces los horrores de la primera guerra mundial.