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La nueva Guerra Fría
1975-1985


CONTACTA



Manifestación en la República Islámica de Irán

  El fin de la distensión
  Los avances soviéticos
      La guerra de Afganistán
  La respuesta americana al desafío soviético
      Jimmy Carter
      Ronald Reagan
  Los nuevos conflictos
      El Oriente Medio y los movimientos islámicos
      Los conflictos en Indochina
  El repliegue soviético
      Factores externos
      Factores internos



La respuesta americana al desafío soviético

Jimmy Carter (1976-1980)

Jimmy Carter (1976-1980) llevó a la Casa Blanca una nueva política internacional muy influida por cuestiones morales y humanitarias. Ese impulso recordaba al presidente Wilson, también miembro del partido demócrata. El elemento central de la nueva política exterior norteamericana debía ser la defensa de los derechos humanos. La cínica política mantenida en América Latina por tantos años en los que Washington no había dudado en apoyar a brutales dictaduras subyacía bajo esta nueva preocupación.

En un principio, Carter obtuvo importantes éxitos. Tras arduas negociaciones consiguió que el Senado aprobara en 1977 el acuerdo para retornar a Panamá, en el año 2000, la soberanía del Canal, lo que significó un gran cambio en la tradicional política norteamericana hacia América Latina. El año siguiente, 1978, contempló su mayor éxito diplomático: la firma de los Acuerdos de Camp David por parte de Menajem Begin, primer ministro de Israel, y Anuar el Sadat, presidente de Egipto. Sus éxitos culminaba en 1979 con el establecimiento de relaciones diplomáticas entre EE.UU. y la República Popular de China y la firma en junio de 1979 en una cumbre con Breznev  en Viena de los Acuerdos SALT II. Estos acuerdos de desarme fueron, sin embargo, severamente criticados por la opinión más conservadora norteamericana que consideraba que permitían a la URSS situarse en una posición de ventaja. Entre estos críticos destacaba un político de la derecha republicana, Ronald Reagan.

Todos los éxitos de la política internacional de Carter se vieron eclipsados por el triunfo de la revolución islámica en Irán en enero de 1979. El acceso de Jomeini y los clérigos chiítas al poder en Teherán marcaba la aparición de un fenómeno, el del islamismo, que en aquel momento nadie, ni la propia administración americana ni el Kremlin, fue capaz de valorar en su verdadera importancia. La humillación que sufrió el "Gran Satán", en palabras de Jomeini  , con el asalto a la embajada norteamericana y el mantenimiento durante 444 días de los rehenes capturados supuso un durísimo golpe para el prestigio de Carter y, en gran medida, le costó su fracaso en las elecciones de 1980.

No obstante, en aquel momento la invasión soviética de Afganistán fue el acontecimiento  clave que precipitó un nueva fase en la política internacional y en la guerra fría.

La reacción de Carter fue inmediata. Congeló el debate en el Senado de los Acuerdos SALT II, anunció una drástica reducción de venta de grano y de productos de alta tecnología a la URSS, y, viendo en la invasión de Afganistán una amenaza en una región tan sensible como la del Golfo Pérsico anunció lo que se vino a denominar la Doctrina Carter: el compromiso norteamericano de usar la fuerza si fuera necesario para acceder a los recursos petrolíferos del Golfo Pérsico. El boicoteo de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1989, al que la URSS y sus aliados contestarían no acudiendo a los Juegos de Los Angeles en 1984 fue el triste resultado en el terreno deportivo de esta agudización de las tensiones entre los bloques.

Cuando Carter abandonó la Casa Blanca, derrotado por el republicano Ronald Reagan, las relaciones soviético-norteamericanas se hallaban en una situación de deterioro, desconocida desde hacía muchos años.

Ronald Reagan (1980-1988)

La postura del nuevo presidente Reagan (1980-1988) quedó definida en su célebre discurso pronunciado el  8 de junio de 1982 en la Cámara de los Comunes británica durante una visita a una Gran Bretaña dirigida por una política muy próxima a sus puntos de vista: Margaret Thatcher.  En ese discurso el presidente norteamericano calificó a la URSS lisa y llanamente de "Imperio del Mal". 

Ronald Reagan representó la nueva voluntad americana de combatir a la URSS hasta doblegarla y ganar así la guerra fría. Inspirado en una ideología neoliberal fuertemente marcada, este antiguo enemigo de la distensión, va a tratar de devolver a EE.UU. la confianza en su poder, confianza bastante mermada desde Vietnam.

Sin reparar en el enorme déficit con el que tuvo que cargar la administración norteamericana, Reagan se lanzó al mayor rearme de la historia de su país desde la segunda guerra mundial. Este programa de rearme tuvo dos elementos clave: el mantenimiento de la "doble decisión" adoptada en 1979 por la OTAN desplegando los denominados "euromisiles" en Europa occidental a partir de 1983, y su propuesta, también en 1983, de la Iniciativa de Defensa Estratégica que de llevarse a cabo hubiera significado el fin del "equilibrio del terror" y la posibilidad para EE.UU. de ganar una guerra nuclear.

Junto a la política de rearme, la nueva administración lanzó lo que se vino en denominar Doctrina Reagan: los EE.UU. en adelante usarían todo tipo de medios, incluyendo la fuerza militar si fuera necesario, para socavar cualquier régimen pro-comunista en el Tercer Mundo.

Esta doctrina se aplicó principalmente en tres países:

La invasión de Granada, pequeña isla caribeña, donde existía un régimen izquierdista al que Washington acusó de ceder su territorio para ser utilizado por cubanos y soviéticos.

La ayuda a la guerrilla islámica que luchaba contra los soviéticos en Afganistán. Aquí los EE.UU. aplicaron una política que años después se volvería en su contra de forma espectacular. La ayuda militar masiva a la guerrilla islámica fortaleció las posturas más extremas del islamismo que posteriormente constituirán el mayor problema al que se enfrente EE.UU. y el mundo occidental. Un simple dato: Osama bin Laden luchó en la guerra de Afganistán en una guerrilla islámica armada y apoyada por Washington.

Tras derrocar en 1979 la corrupta dictadura de Somoza, los sandinistas buscaron el apoyo cubano y soviético, y no apoyaron a la guerrilla izquierdista en El Salvador. La respuesta de Reagan dio lugar a uno de los episodios más oscuros de la política norteamericana en la guerra fría. La administración norteamericana armó a un ejército guerrillero, conocido como los Contras,  formado en su mayor parte por antiguos soldados de la dictadura somozista que no dudó en utilizar todo tipo de medios para atacar al gobierno de Managua. La abierta oposición interna a estas tácticas llevó a que el Congreso norteamericano prohibiera el apoyo a los Contras, lo que desencadenó un importante escándalo político en Washington: el escándalo Irán-Contra. El gobierno de Washington vendió armas secretamente a uno de sus supuestos enemigos, Irán, y el dinero pagado se canalizó para, sin saberlo el Congreso, financiar a los Contras. Un período que se había iniciado en Washington con el idealismo de Carter, concluía con este máximo ejemplo de cinismo político.

La compleja política norteamericana frente a Irán nos muestra un nuevo elemento que debemos comentar para conseguir una mejor imagen de conjunto: la aparición de conflictos que iban más allá de la lógica de los bloques enfrentados.