Jimmy Carter (1976-1980)
Jimmy
Carter (1976-1980) llevó a la Casa Blanca una nueva política internacional
muy influida por cuestiones morales y humanitarias. Ese impulso recordaba al
presidente
Wilson, también miembro del partido demócrata. El elemento central de la
nueva política exterior norteamericana debía ser la defensa de los derechos
humanos. La cínica política mantenida en América Latina por tantos años en los
que Washington no había dudado en apoyar a brutales dictaduras subyacía bajo
esta nueva preocupación.
En un principio,
Carter
obtuvo importantes éxitos. Tras arduas negociaciones consiguió que el Senado
aprobara en 1977 el acuerdo para retornar a Panamá, en el año 2000, la soberanía
del Canal, lo que significó un gran cambio en la tradicional política
norteamericana hacia América Latina. El año siguiente, 1978, contempló su mayor
éxito diplomático: la firma de los
Acuerdos de Camp
David por parte de
Menajem Begin, primer ministro de Israel, y
Anuar el Sadat,
presidente de Egipto. Sus éxitos culminaba en 1979 con el establecimiento de
relaciones diplomáticas entre EE.UU. y la República Popular de China y la firma
en junio de 1979 en una cumbre con
Breznev en
Viena de los Acuerdos
SALT II. Estos acuerdos de desarme fueron, sin embargo, severamente
criticados por la opinión más conservadora norteamericana que consideraba que
permitían a la URSS situarse en una posición de ventaja. Entre estos críticos
destacaba un político de la derecha republicana,
Ronald Reagan.
Todos los éxitos de la política internacional de
Carter se
vieron eclipsados por el triunfo de la
revolución islámica en
Irán en enero de 1979. El acceso de
Jomeini y los
clérigos chiítas al poder en Teherán marcaba la aparición de un fenómeno, el del
islamismo, que en aquel momento nadie, ni la propia administración americana ni
el Kremlin, fue capaz de valorar en su verdadera importancia. La humillación que
sufrió el "Gran Satán", en palabras de
Jomeini , con el
asalto a la embajada norteamericana y el mantenimiento durante 444 días de los
rehenes capturados supuso un durísimo golpe para el prestigio de
Carter
y, en gran medida, le costó su fracaso en las elecciones de 1980.
No obstante, en aquel momento la
invasión soviética
de Afganistán fue el acontecimiento clave que precipitó un
nueva fase en la política internacional y en la
guerra
fría.
La reacción de
Carter fue
inmediata. Congeló el debate en el Senado de los
Acuerdos
SALT II, anunció
una drástica reducción de venta de grano y de productos de alta tecnología a la
URSS, y, viendo en la
invasión de Afganistán una amenaza en una región tan sensible como la del Golfo Pérsico
anunció lo que se vino a denominar la Doctrina Carter: el compromiso
norteamericano de usar la fuerza si fuera necesario para acceder a los recursos
petrolíferos del Golfo Pérsico. El
boicoteo de
los Juegos Olímpicos de Moscú de 1989, al que la URSS y sus aliados
contestarían no acudiendo a los Juegos de Los Angeles en 1984 fue el triste
resultado en el terreno deportivo de esta agudización de las tensiones entre los
bloques.
Cuando
Carter abandonó la Casa Blanca, derrotado por el republicano
Ronald Reagan, las
relaciones soviético-norteamericanas se hallaban en una situación de deterioro,
desconocida desde hacía muchos años.
Ronald Reagan (1980-1988)
La postura del nuevo presidente
Reagan (1980-1988)
quedó definida en su célebre discurso pronunciado el 8 de junio de 1982 en
la Cámara de los Comunes británica durante una visita a una Gran Bretaña
dirigida por una política muy próxima a sus puntos de vista:
Margaret Thatcher.
En ese discurso el presidente norteamericano calificó a la URSS lisa y
llanamente de "Imperio del Mal".
Ronald Reagan
representó la nueva voluntad americana de combatir a la URSS hasta doblegarla y
ganar así la
guerra
fría. Inspirado en una ideología neoliberal fuertemente marcada, este
antiguo enemigo de la distensión, va a tratar de devolver a EE.UU. la confianza
en su poder, confianza bastante mermada desde
Vietnam.
Sin
reparar en el enorme déficit con el que tuvo que cargar la administración
norteamericana,
Reagan
se lanzó al mayor rearme de la historia de su país desde la segunda guerra
mundial. Este programa de rearme tuvo dos elementos clave: el mantenimiento de
la "doble decisión" adoptada en 1979 por la
OTAN desplegando los
denominados
"euromisiles"
en Europa occidental a partir de 1983, y su propuesta, también en 1983, de la Iniciativa de Defensa
Estratégica que de llevarse a cabo hubiera significado el fin del
"equilibrio del terror" y la posibilidad para EE.UU. de ganar una guerra
nuclear.
Junto a la política de rearme, la nueva administración lanzó lo que se vino
en denominar Doctrina Reagan: los EE.UU. en adelante usarían todo tipo de
medios, incluyendo la fuerza militar si fuera necesario, para socavar cualquier
régimen pro-comunista en el Tercer Mundo.
Esta doctrina se aplicó principalmente en tres países:
La invasión de Granada, pequeña isla caribeña, donde existía un
régimen izquierdista al que Washington acusó de ceder su territorio para ser
utilizado por cubanos y soviéticos.
La ayuda a la guerrilla islámica que luchaba contra los soviéticos en
Afganistán. Aquí los EE.UU. aplicaron una política que años después se
volvería en su contra de forma espectacular. La ayuda militar masiva a la
guerrilla islámica fortaleció las posturas más extremas del islamismo que
posteriormente constituirán el mayor problema al que se enfrente EE.UU. y el
mundo occidental. Un simple dato:
Osama bin Laden luchó en la
guerra de Afganistán en una guerrilla islámica armada y apoyada por Washington.
Tras derrocar en 1979 la corrupta dictadura de
Somoza, los
sandinistas
buscaron el apoyo cubano y soviético, y no apoyaron a la guerrilla izquierdista
en El Salvador. La respuesta de
Reagan dio lugar a
uno de los episodios más oscuros de la política norteamericana en la guerra
fría. La administración norteamericana armó a un ejército guerrillero, conocido
como los Contras, formado en su mayor parte por antiguos
soldados de la dictadura somozista que no dudó en utilizar todo tipo de medios
para atacar al gobierno de Managua. La abierta oposición interna a estas
tácticas llevó a que el Congreso norteamericano prohibiera el apoyo a los
Contras, lo que desencadenó un importante escándalo político en Washington:
el escándalo Irán-Contra. El gobierno de Washington vendió armas
secretamente a uno de sus supuestos enemigos, Irán, y el dinero pagado se
canalizó para, sin saberlo el Congreso, financiar a los Contras. Un
período que se había iniciado en Washington con el idealismo de
Carter,
concluía con este máximo ejemplo de cinismo político.
La compleja política norteamericana frente a Irán nos muestra un nuevo
elemento que debemos comentar para conseguir una mejor imagen de conjunto: la
aparición de conflictos que iban más allá de la lógica de los bloques
enfrentados.