No hay acuerdo entre los historiadores en señalar un único factor como el
detonante que provocó el fin de la época de distensión y el inicio de un nuevo
período de recrudecimiento de la guerra fría.
Aunque el año 1975 es a menudo señalado como el inicio de este nuevo período
de tensión, paradójicamente ese año tuvo lugar uno de los símbolos de la
distensión la
Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa celebrada en Helsinki. El
Acta de Helsinki significó el reconocimiento de fronteras, el estrechamiento de
la cooperación económica y vagos compromisos de respeto de los derechos humanos.
Sin embargo, la desconfianza creada tras la
Guerra del Yom
Kippur en 1973, la crisis económica internacional de ese mismo año, el
escándalo Watergate
en 1974 o la derrota norteamericana en
Vietnam en 1975
crearon una dinámica favorable a una nueva expansión soviética que
inmediatamente agudizó la tensión internacional.
El último período en la dirección soviética de un anciano
Leonid Breznev
va
a ser testigo de una engañosa expansión soviética.
En el Extremo Oriente, las victorias de los comunistas vietnamitas en
1975, unificando Vietnam bajo un gobierno comunista, y en 1978, conquistando la
Kampuchea (Camboya) de los
Khmers rojos
hicieron que la URSS y su aliado Vietnam fueran los únicos beneficiarios de la
nueva situación en Indochina. Por un lado, los EE.UU. perdieron todas su
influencia en la región, mientras que, por otro lado, el gobierno chino perdía
el gobierno aliado de
Pol Pot en Camboya.
En América Central, la
revolución
sandinista derrocaba al dictador pro-norteamericano
Somoza en 1979. Se
establecía así en Nicaragua, en una región que EE.UU. siempre había considerado
de su completa influencia, un régimen revolucionario que contaba con el apoyo de
Moscú y La Habana.
En África fue donde tuvo lugar una más rápida expansión soviética. En
1974, en Etiopía, uno de los países más pobres del mundo, se produce una
revolución que derroca la monarquía y que llevará a su líder
Mengitsu a
instalar en 1977 un régimen que se proclama marxista y aliado de la URSS. Tras
la "revolución de los claveles" en Portugal, en 1975 sus antiguas colonias
africanas acceden a la independencia. En el marco de guerras civiles se
instauran en Angola y Mozambique, regímenes revolucionarios y
favorables a los soviéticos. En la guerra angoleña, la Cuba de
Fidel Castro envía
tropas que lucharán contra las incursiones del ejército sudafricano que apoyaba
al contendiente anticomunista.
Este pobre país, que durante el siglo XIX había sido terreno de disputa del
imperialismo ruso y el inglés, volvió en los años setenta a convertirse en un
territorio clave en las relaciones internacionales.
A partir del derrocamiento del rey Zaher Shah en 1973 se abrió un período de
inestabilidad en el que finalmente se disputaron el poder diversas facciones
comunistas enfrentadas a su vez con guerrillas islámicas. Moscú decide
intervenir para imponer un gobierno que garantizase el orden y mantuviera al
país en la esfera de influencia soviética: el 24 de diciembre de 1979 las tropas
soviéticas invaden el país, se iniciaba la
guerra de
Afganistán.
La reacción occidental fue inmediata. Considerando que la anexión de
Afganistán llevaba la influencia soviética más allá del territorio tradicional
del Pacto de
Varsovia, EE.UU. y sus aliados organizan inmediatamente la contraofensiva.
La ONU y los
Países No Alineados condenaron la invasión y la Casa Blanca, junto a otra
serie de medidas destinadas a frenar el expansionismo del Kremlin, decidió
ayudar a la guerrilla islámica que se enfrentaba a las tropas soviéticas.
La invasión soviética de Afganistán y la consiguiente reacción occidental
desencadenó un nuevo período de tensión internacional tras la época de la
distensión: una nueva guerra fría.