Conflictos en la era de la distensión
La distensión no puso fin a la competición entre los
dos bloques enfrentados. Esta competencia se concretó en dos grandes conflictos
armados que han marcado la segunda mitad del siglo XX: el conflicto del
Próximo Oriente, que aún en los inicios del siglo XXI sigue siendo uno de
los mayores focos de tensión en el mundo, y el conflicto de en la península de
Indochina que tuvo su mayor exponente en la
guerra de
Vietnam, la gran derrota
americana durante la
guerra
fría.
Las guerras
árabe-israelíes
Las guerras que enfrentaron a árabes e israelíes en
1967 y 1973 ilustran bien las reglas de la distensión: los dos grandes se
enfrentan mediante pequeños estados interpuestos pero controlan perfectamente su
competencia sin poner en riesgo la paz general entre las superpotencias.
Tras la crisis de Suez en 1956, el Egipto de
Nasser y
con él los países árabes refuerza sus lazos con la URSS, mientras que Israel se
convierte en el aliado estratégico de EE.UU. en la región.
Envalentonado por el éxito diplomático de 1956 y el
apoyo militar soviético,
Nasser
multiplica sus acciones amenazadoras contra Israel, entre ellas destaca el
bloqueo del golfo de Akba para todo navío que se dirigiera al puerto israelí de
Eilath.
La respuesta militar israelí fue fulgurante. el 5 de
junio de 1967 desencadena la
Guerra de los Seis
Días. En ese corto tiempo, los israelíes ocupan los Altos del Golán en
Siria, la península del Sinaí en Egipto, la banda de Gaza, Cisjordania y la
ciudad vieja de Jerusalén. La aplastante derrota árabe trajo consigo importantes
cambios en la escena internacional y estratégica:
-
Israel pasa de país asediado a potencia ocupante.
Se niega a devolver los territorios ocupados y, mediante una dura
política de represión, trata de expulsar al mayor número posible de palestinos
hacia los países vecinos. Proclama unilateralmente la reunificación de
Jerusalén, anexionándose el Jerusalén árabe.
-
Paradójicamente, los palestinos ganan en autonomía
política frente a los estados árabes de la región. La
OLP,
creada en 1964, se convierte bajo la dirección de
Yasser
Arafat en la organización representante del pueblo palestino bajo la
ocupación israelí o hacinado en los campos de refugiados de los países
vecinos. Fracasado el sueño de
Nasser
de victoria militar convencional sobre Israel y de unidad de la nación árabe,
Arafat
trata de animar a sus compatriotas a la lucha armada contra Israel.

La diáspora palestina y el enfrentamiento de esta
con Israel van a desequilibrar a los países vecinos:
-
Desde Jordania, la guerrilla de Al Fatah
("La Conquista"), organización dirigida por
Arafat y
mayoritaria en la
OLP,
emprendió ataques contra Israel. Las represalias hebreas y el creciente
poderío de las organizaciones palestinas llegaron a poner en cuestión el
equilibrio interno del reino jordano. El rey Hussein de Jordania no va a dudar
en enfrentarse a los palestinos y en septiembre de 1970 expulsa brutalmente a
gran parte de los refugiados y a las guerrillas de la
OLP
que huyen hacia el Líbano. Es lo que los palestinos denominan el
"Septiembre Negro".
-
Desde sus bases en el Líbano
Arafat
y la
OLP continúan sus ataques contra Israel y consiguen ser reconocidos como
"únicos representantes del pueblo palestinos", primero en 1973 por el
movimiento de los países no alineados en su Conferencia de Argel y al
año siguiente por la ONU a cuya Asamblea General
se dirige
Arafat en 1974. Sin embargo, la llegada masiva de palestinos rompió
los delicados equilibrios de una sociedad tan compleja como la libanesa y en
1975 se inició una brutal guerra civil.
Anuar el-Sadat,
el nuevo líder egipcio que había sucedido a
Nasser
en 1970, ante la negativa israelí a cualquier concesión en lo referente a los
territorios ocupados, comenzó a preparar junto a Siria una nueva guerra que permitiera a ambos países árabes
recuperar lo perdido en la
Guerra de los Seis
Días. Así el 6 de octubre de 1973, tropas egipcias y sirias atacaron por
sorpresa a Israel. Se iniciaba la Guerra
del Yom Kippur o del Ramadán, según se utilice
la festividad religiosa judía o el mes santo musulmán en el que comenzó el
conflicto.
El factor sorpresa permitió importantes avances árabes: los egipcios cruzaron
el Canal de Suez y los Altos del Golán volvieron a manos sirios. Sin embargo,
diez días más tarde los israelíes contraatacaron recuperando el terreno perdido.
Las dos superpotencias que habían armado masivamente a sus respectivos aliados,
buscaron una solución al conflicto que no engendrara mayor inestabilidad en la
zona. Kissinger
viajó a Moscú donde se acordó las bases de una resolución de la ONU pidiendo el
alto el fuego a los contendientes. El 25 de octubre de 1973 cesaron las
hostilidades.
La Guerra
árabe-israelí de 1973 tuvo enormes
consecuencias. No solo abrió una nueva fase en el conflicto del Oriente Medio
que vendrá a concretarse en 1979 con la firma de los Acuerdos
de Camp David, sino que tuvo una enorme repercusión en la economía mundial:
la
crisis del petróleo que marcará el fin de una larga etapa de expansión del
sistema capitalista en los países desarrollados.

La guerra de
Vietnam
La
guerra de Indochina concluyó con los Acuerdos de Ginebra de 1954 que
preveían que, tras la retirada francesa, el Vietnam del Norte comunista dirigido
por Ho Chi
Minh y Vietnam del Sur, bajo una dictadura pro-occidental dirigida por Dinh
Diem, debían reunificarse mediante elecciones libres. La negativa del régimen
del sur, apoyada por EE.UU., se apoyó en la certeza de la victoria comunista.
En 1956 se creó en el sur el Frente Nacional de
Liberación (el Vietcong), organización guerrillera que con el apoyo
de Vietnam del Norte inició las hostilidades contra el gobierno de Saigón.
El presidente
Kennedy
decidé la intervención militar norteamericana en favor de Vietnam del Sur: entre
1961 y 1963, 17.000 "consejeros militares" son enviados a Indochina. En 1964, su
sucesor Johnson se
lanza a la intervención abierta: un cuerpo expedicionario que en 1967 alcanzó la
cifra de 500.000 soldados practica una guerra en la que no se duda en utilizar
armas químicas ("agente naranja") y en la que se lleva a cabo brutales y masivos
bombardeos sobre Vietnam del Norte y las posiciones del Vietcong.
La gran superpotencia, sin embargo, no pudo derrotar
a un contrincante armado por la URSS. Las grandes protestas de la juventud
norteamericana y los éxitos militares del Vietcong (ofensiva del Tet
en 1968) hicieron que en 1969 el nuevo presidente norteamericano,
Richard Nixon,
decidiera reducir rápidamente la implicación norteamericana en el conflicto. A
la vez que los efectivos estadounidenses se reducían drásticamente, de 500.000
pasaron a 50.000, se organizaba un gran ejército survietnamita que con más de
1.800.000 hombres no dudó en extender el conflicto a Camboya y Laos.
Todos los esfuerzos norteamericanos fueron baldíos.
La gran ofensiva norvietnamita de 1972 y el fracaso de los bombardeos en
respuesta llevó a la firma de la paz en París, el 23 de enero de 1973.
Los EE.UU. se retiraron de Vietnam. La retirada de sus tropas trajo el inmediato
derrumbamiento del régimen de Vietnam del Sur . La ofensiva final comunista
llegó en la primavera de 1975. El 17 de abril, Phnom Penh caía en manos de los
Khmers
Rojos y el 30 los norvietnamitas y el Vietcong tomaban Saigón y
Vietnam se reunificaba bajo un sistema comunista. La guerra había terminado.
Se había producido la primera derrota militar de la
historia de EE.UU. En adelante, Washington, siguiendo la posición marcada por
Henry Kissinger,
principal figura de la diplomacia estadounidense durante la presidencia de
Nixon, huirán de la
implicación directa con tropas en los diversos conflictos armados que siguieron
surgiendo por doquier.
Aprovechando las disensiones internas del bloque
comunista, la administración de
Nixon reforzó su
posición mediante un acercamiento espectacular a la China de
Mao. Con la
aquiescencia americana la China Popular ingresa en la ONU como miembro del
Consejo de Seguridad, y tras una larga labor negociadora de
Kissinger, el
presidente Nixon
visitó China en febrero de 1972.
América Latina: el caso chileno
Durante muchos años las relaciones entre los países de América Latina y
EE.UU. han estado marcadas por la preocupación común de Washington y las
oligarquías de cada país de oponerse a cualquier amenaza revolucionaria.
En el contexto de la
guerra
fria, las administraciones norteamericanas no han dudado en apoyar
dictaduras militares conservadoras y fuertemente represivas. Para los políticos
de Washington, los movimientos reformistas o revolucionarios en el continente
americano no sólo eran una respuesta a las fuertes desigualdades sociales sino
que también eran acciones desestabilizadoras orquestadas desde Moscú o La Habana
con el objetivo de establecer regímenes aliados al bloque soviético. La amplitud
de los intereses económicos norteamericanos en la región y su proximidad
geográfica reforzaban esta actitud.
El mejor ejemplo de este fenómeno lo constituye Chile. En 1970 ganó las
elecciones la Unidad Popular, una coalición de izquierdas dirigida por el
socialista Salvador Allende. Con un un programa no muy radical, Allende
se encontrará desde un principio atrapado entre sus aliados más revolucionarios
(el izquierdista MIR, la facción más radical del Partido Socialista) y la
reacción de unas clases medias y altas inquietas ante la posibilidad de una
evolución "a la cubana".
El Departamento de Estado norteamericano mediante la intercesión de la CIA no
dudó en apoyar la subversión antidemocrática: desde subvencionar la huelga de
camioneros contra el gobierno en 1972 hasta, finalmente, apoyar el golpe de
estado que finalmente protagonizará Augusto Pinochet el 11 de septiembre
de 1973.
La represión posterior fue brutal. El senador norteamericano Edward Kennedy,
utilizando datos confidenciales del Departamento de Estado, calculó entre 20.000
y 30.000 muertos la factura de la represión militar.
Chile no fue un caso aislado. Las dictaduras militares apoyadas por EE.UU.
serán la norma en los setenta. Otro caso especialmente feroz fue el de la Junta
militar establecida en Argentina en 1976 dirigida por el general Videla.