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La Coexistencia Pacífica
1955-1962
 

CONTACTA


Ciudadanos de Berlín occidental frente a miembros
de la policía de la RDA vigilando el muro recién erigido

   La "coexistencia pacífica de Kruschev
    La reacción norteamericana
    El "deshielo" 1953-1956
    Europa: las fisuras del bloque oriental
        La tragedia de Hungría
        La construcción del Muro de Berlín
    La ruptura chino-soviética
    El "frío" y el "calor" 1959-1962
    Las "crisis periféricas"
       Oriente Medio: La crisis de Suez
       La crisis de los misiles en Cuba



Europa: las fisuras del bloque oriental

La muerte de Stalin trajo signos de distensión en el interior del bloque dirigido desde Moscú. La evolución no fue evidente: en julio de 1953 los carros de combate soviéticos reprimieron duramente las protestas obreras en Berlín. Pese a todo, la reconciliación del Kremlin con Yugoslavia de Tito o la evacuación soviética de Austria mostraban un cambio de talante.

Este nuevo talante no hacía, sin embargo, presagiar lo que se vio en el XX Congreso del PCUS, celebrado en febrero de 1956. Ante los atónitos delegados comunistas, Kruschev denunciaba los crímenes de Stalin y el "culto a la personalidad" que había caracterizada hasta ese momento a la dictadura soviética. La nueva política exterior de coexistencia pacífica, implicaba también la aceptación en el terreno teórico de la existencia de diversos caminos para la construcción de un sistema socialista.

Esta relativa apertura tuvo su primer reflejo en Polonia. Impulsado por las manifestaciones obreras, Gomulka, un comunista que había purgado por Stalin en 1948 retornaba al poder.  Su manifiestamente reiterada fidelidad a la URSS y a las bases del sistema comunista de las "democracias populares" permitió que Moscú aceptara el nuevo giro en la política polaca.

La tragedia de Hungría (1956)

La situación fue bien distinta en Hungría, donde se constató trágicamente las limitaciones de la nueva política de Kruschev.

La resistencia de los dirigentes más stalinistas hizo que las protestas populares degeneraran en una verdadera insurrección popular el 24 de octubre de 1956. Un comunista abierto y liberal, Imre Nagy, accedió al poder y se puso al frente de la revolución húngara. Enfrentado a un levantamiento que se extendía por el país, Nagy decidió encabezarlo y dio dos pasos decisivos: la aceptación de la libertad de asociación política, lo que destruía el monopolio comunista del poder, y, lo que fue mucho más grave, la proclamación de la neutralidad de Hungría y su abandono del recién creado Pacto de Varsovia.

La respuesta del Kremlin fue inmediata: las tropas soviéticas ahogaron en sangre tras duros combates la revolución húngara de 1956. La dirección soviética había puesto claramente los límites a los que podía llegar el proceso de desestalinización.

La construcción del Muro de Berlín (1961)

De 1951 a 1958 la República Democrática Alemana había sufrido una verdadera hemorragia demográfica: más de dos millones de alemanes orientales había huido hacia la República Federal. Las diferencias de nivel de vida y de libertades provocaban este éxodo de población.

La segunda crisis de Berlín se inició en 1958.  Para detener la salida de población, Kruschev lanzó un ultimátum a las potencias occidentales: les daba seis meses para aceptar que Berlín-Oeste se convirtiera en una ciudad libre, fuera de su control; en caso de negativa, Moscú daría a la RDA plena soberanía sobre el Berlín-Este y los accesos a la ciudad.

Tras momentos de fuerte tensión, la amenaza no se llegó a materializar. Hubo que esperar tres años para que  el 13 de agosto de 1961, ante los ojos atónitos de los berlineses se iniciara la construcción de un muro infranqueable que rodearía todo el Berlín occidental. Se ponía así fin al éxodo de alemanes orientales. Lo que se denominó en Occidente, el "muro de la vergüenza" se convirtió en el gran símbolo de la guerra fría.

Paradójicamente, el muro del Berlín sirvió para estabilizar la situación en la RDA, calmando las inquietudes soviéticas y suprimiendo uno de los mayores focos de tensión de la guerra fría.

La ruptura chino-soviética

El triunfo en 1949 de la revolución comunista en China y el establecimiento de la República Popular dirigida por Mao Zedong supuso un giro espectacular en la recién nacida guerra fría. El paso al bloque comunista del país más poblado del mundo parecía anunciar una gran victoria para la URSS. En 1950 la firma del Tratado chino-soviético de amistad, alianza y mutua asistencia despertó gran ansiedad y preocupación en EE.UU. y el bloque occidental.

Sin embargo, bajo una fachada de amistad se desarrollaba una áspera pugna basada en viejas rivalidades nacionales y basada en la búsqueda del liderazgo del mundo comunista. Cuando en 1958 Mao Zedong lanzó su programa de reformas conocido como el Gran Salto Adelante, China estaba lanzando un desafío al liderazgo soviético en el bloque comunista. La catástrofe que trajo este programa, se habla de treinta millones de muertos por hambre en China, no impidió que Mao Zedong mantuviera una posición desafiante en el escenario internacional, una posición que chocaba con la nueva política de Kruschev: desestalinización y coexistencia pacífica.

El distanciamiento y las críticas chinas contra el "revisionismo" del Kremlin terminaron por afectar a las relaciones entre los dos colosos comunistas. En 1959  la URSS denunció el Tratado militar secreto que unía a ambos países y en 1960 retiró a sus consejeros y técnicos de China.

En 1962, Moscú apoya a la India en su conflicto fronterizo con China a propósito del Tibet y Pekín denuncia tras la crisis de los misiles en Cuba la actitud "capitulacionista" de la dirección soviética ante el imperialismo americano.