La muerte de
Stalin el
5 de marzo de 1953 abrió una nueva fase en la historia de las relaciones
internacionales. Tras un complejo proceso sucesorio,
Kruschev
consiguió asentarse en el poder del Kremlin, muy especialmente tras eliminar a
Beria, jefe del aparato represivo stalinista, en junio de 1953.
El nuevo líder soviético lanza una nueva política exterior que va a denominar
coexistencia pacífica. Este nuevo concepto significaba básicamente que la
URSS no solo negaba el recurso a las armas para extender la revolución comunista
por el mundo, sino que rechazaba la idea de que la guerra con el capitalismo era
inevitable. El bloque comunista, que en ese momento ya se veía lo
suficientemente fuerte para disuadir al adversario de un posible ataque,
concentraría en el futuro todas sus fuerzas en la competición pacífica con el
Oeste.
La realidad de la política soviética no fue, sin embargo, tan pacífica. Como
veremos, Moscú no dudó en tomar medidas, en algún caso arriesgadas, que pusieron
en grave peligro la paz mundial.
La visión de Washington no se vio muy influenciada por la nueva política del
Kremlin. En EE.UU. primaba una situación de inseguridad propiciada por el acceso
de la URSS al arma atómica y sus ensayos con misiles intercontinentales. El
lanzamiento del Sputnik en 1957, el primer satélite al espacio por parte
de los soviéticos vino a reforzar ese sentimiento.
El candidato norteamericano
Eisenhower
había criticado duramente la política de "contención" de Truman y
Foster
Dulles, el que luego sería su Secretario de Estado, había propuesto durante
la campaña electoral de 1952 el roll back, el hacer retroceder a los
Soviéticos a sus posiciones de partida.
Tras el triunfo republicano, la nueva administración afirmó lo que se vino a
denominar la
doctrina de las "represalias masivas". Washington amenazaba a la URSS con el
uso masivo del arma nuclear en el caso de que adoptara una política exterior muy
agresiva.
Afortunadamente, como los hechos vinieron pronto a confirmar, la política
exterior norteamericana fue mucho más moderada. Algunos historiadores hablan de
una política de "contención" reforzada para subrayar la continuidad que hubo
ente la diplomacia de
Truman y
la de
Eisenhower. En definitiva, se iniciaba un nuevo período en el que las
palabras una vez más no correspondían exactamente con los hechos. Ni la política
exterior soviética fue tan pacífica, ni la norteamericana fue tan belicosa.
Más allá de las formulaciones de la política exterior de las grandes
potencias, la muerte de
Stalin
abrió un período en el que aparecieron signos de distensión entre Moscú y
Washington: la firma del Armisticio en Panmunjong
en 1953, que ponía fin a la guerra de
Corea, los acuerdos de Ginebra que ponían fin a la
guerra de Indochina en 1954, la reconciliación entre la URSS y
Yugoslavia que culminó con la visita de
Kruschev
a Tito
en 1955 o la firma del Tratado de Paz con Austria en 1955, que significó
la evacuación de las tropas de ocupación y su neutralización.
Estos signos de distensión no impidieron que las superpotencias afirmaran, de
forma brutal si era necesario, su hegemonía en sus respectivas áreas de
influencia. La brutal represión de las protestas obreras en Berlín y
Alemania oriental en 1953 por parte del ejército soviético de ocupación o
las intervenciones de la CIA para derrocar por la fuerza los gobiernos
progresistas de Mossadegh en Irán en 1953 o Arbenz en
Guatemala en 1954, muestran bien a las claras la complejidad de la nueva
fase de las relaciones internacionales.
No debemos de olvidar tampoco que en 1954 la República Federal de Alemania se
rearmaba en ingresaba en la
OTAN y que,
como contestación, la URSS y las "democracias populares" fundaban en 1955 el
Pacto
de Varsovia.