La llegada de Mijaíl Gorbachov al Kremlin fue el elemento clave que
desencadenó un rápido proceso que acabó con la guerra fría. Para aplicar las
reformas de la perestroika, Gorbachov necesitaba una nueva política
exterior que pusiera fin a la carrera armamentística acentuada bajo la
presidencia de Reagan. Esta nueva actitud de Moscú implicó el fin de las
tensiones del período anterior. No obstante, fue el fracaso de las reformas de
Gorbachov en su país y las revoluciones democráticas de 1989 las que llevaron
al colapso del bloque soviético y al fin de la URSS. La guerra fría terminaba
por la implosión de uno de sus contendientes.