Mijaíl Gorbachov
fue nombrado Secretario General del PCUS el 11 de marzo de 1985. La situación a
la que se enfrentaba el nuevo líder del Kremlin era en general lamentable: tras
largos años de estancamiento, la economía se hallaba al borde de la bancarrota y
la sociedad soviética se encontraba inmersa en una verdadera crisis moral
caracterizada por la falta de compromiso ideológico y el escepticismo general.
Era imposible que la URSS mantuviera por más tiempo la ficción de "paridad" con
los EE.UU.
El desafío de
Reagan y
su
Iniciativa de Defensa
Estratégica había hecho conscientes a los dirigentes soviéticos de sus
posibilidades reales de hacer frente a la competencia tecnológica y militar de
EE.UU. Con un gasto de defensa que, según las fuentes, oscilaba entre el 16 y el
28% de su presupuesto, la URSS necesitaba urgentemente reducir sus gastos
militar y enfocar sus inversiones a paliar sus múltiples carencias y
deficiencias de la econmia soviética. Para
Gorbachov
la necesidad de un acercamiento a los EE.UU. era evidente y urgente.
La reforma en la política exterior llegó antes que la perestroika
(reestructuración) o la
glasnost
(transparencia) en la política interna. En julio de 1985, el sempiterno ministro de asuntos
exteriores sovoiético
Andrei
Gromiko fue sustituido por
Eduard Shevarnadze.
En octubre, el telegénico
Gorbachov
iniciaba lo que algunos denominaron una "ofensiva de encanto" visitando diversas
capitales occidentales. En su primer encuentro con el presidente
Reagan en
Ginebra en noviembre de 1985, el líder soviético planteó la necesidad de la
distensión y de la reducción de armamentos nucleares.
La postura de
Gorbachov
iba más allá de un mero repliegue táctico. Consciente de la imposibilidad de
conjugar la
guerra
fría y la solución de los graves problemas que aquejaban a la economía y la
sociedad soviética, el líder soviético, mediante su principal consejero en
política internacional, Dobrinin, proclamó en el XXVII Congreso del PCUS en 1986
lo que denominó un "nuevo pensamiento político" (Novy Myshlenie):
el nuevo mundo se caracterizaba por la "interdependencia global", en adelante,
había que olvidarse de la lógica de la
guerra
fría y buscar la cooperación y el consenso en la dirección de las relaciones
internacionales. Se trataba de buscar "una acción recíproca, constructiva y
creador al mismo tiempo (...) para impedir la catástrofe nuclear y para que la
civilización pueda sobrevivir".
La URSS se preparaba para un gran repliegue, tanto en su competencia con los
EE.UU. como en los compromisos internacionales que había ido adquiriendo a lo
largo de la
guerra
fría.
La tendencia apuntada por
Gorbachov
desde el inicio de su mandato se vio acrecentada por una serie de
acontecimientos que hicieron absolutamente evidente la necesidad de reformas:
- La catástrofe nuclear de Chernobil en Ucrania el 26 de abril de
1986 provocó un escape radioactivo doscientas veces superior al de las bombas
atómicas de Hiroshima y Nagasaki, según fuentes de la Organización Mundial de
la Salud, y obligó a la evacuación de más de medio millón de personas.
Chernobil incrementó la consciencia general de las carencias y
limitaciones del sistema económico soviético.
- El fracaso y la incompetencia del en otros tiempos poderoso ejército
soviético se veía corroborado en la
guerra
de Afganistán. La desmoralización que provocaba el "Vietnam soviético" fue
acrecentada por episodios rocambolescos como el aterrizaje en la Plaza Roja de
Moscú de un joven adolescente alemán, Mathias Rust, en mayo de 1987 sin que la
defensa aérea soviética fuera capaz de evitarlo.
- Estos ejemplos de crisis y decadencia tuvieron una resonancia multiplicada
en la opinión pública soviética por la nueva política de
glasnost
(transparencia) impulsada por
Gorbachov.