Los primeros años de la posguerra estuvieron marcados por la dificultosa aplicación de los tratados de paz de 1919.
Sin embargo, la segunda mitad de los años veinte abrió un período de concordia internacional que ilusionó a los contemporáneos.
La depresión de 1929 y el ascenso de Hitler al poder demostraron el carácter efímero de este
tiempo de armonía. Los años treinta
prepararon el camino a una segunda y aun más destructiva conflagración mundial.