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Los virajes hacia la guerra
1933-1939



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Galería de Imágenes - Período de Entreguerras 1919-1939
Cartel republicano contra la intervención italiana
en España en apoyo de Franco
 

  La política germana, 1931-1935
  La reacción diplomática francesa, 1934-1935
  El reingreso de la URSS en el concierto internacional
  El Frente de Stressa y el pacto franco-soviético
  La crisis de Etiopía, 1935-1936
  La remilitarización de Renania, 1936
  La guerra civil española, 1936-1939
  El eje Roma-Berlín y el pacto Antikomintern
  La guerra chino-japonesa , 1937-1945
  La expansión de la Alemania nacional-socialista,1936-1939
  El Anschluss con Austria
  La política de apaciguamiento británica
  Los Sudetes y la Conferencia de Munich
  La invasión nazi de Checoslovaquia
  La crisis polaca y el pacto de no agresión germano-soviético



La crisis de Etiopía, 1935-1936

El año 1936 fue testigo de tres grandes crisis que determinaron la ruptura del Frente de Stresa y la configuración de un bloque revisionista germano-italiano que prefiguraba el bando del Eje durante la segunda guerra mundial.

La primera crisis se inició en 1935 en Etiopia. Abisinia, como también se denominaba este territorio, era, junto a Liberia, el único territorio africano libre de la dominación europea. Como país independiente había pasado a formar parte de la Sociedad de Naciones. Italia intentó su anexión en 1896, pero terminó humillantemente derrotada por el emperador Menelik en la batalla de Adua.

Mussolini aspiraba a la anexión del territorio y pese a las amenazas británicas, concretadas en el despliegue de la Armada en el puerto de Alejandría, Italia inició el ataque en octubre de 1935. El 7 de octubre, a instancia del Reino Unido, la Sociedad de Naciones condenó el ataque italiano y declaró a Italia país agresor acordando diversas sanciones de tipo económico. Sin embargo, las medidas no fueron más allá. El embargo de petróleo, que hubiera sido una medida realmente dañina para el gobierno de Roma, no se pudo adoptar ante la negativa de EE.UU., por lo demás, país fuera de la Sociedad.

En diciembre de 1935, como reacción a la actitud franco-británica, Mussolini denunció el Frente de Stresa. En mayo de 1936, las tropas fascistas conquistaban la capital Addis-Abeba. El gobierno de Roma proclamó la anexión de Etiopía.

La crisis había resultado un completo fracaso para la Sociedad de Naciones, que se había visto impotente para arbitrar medidas que frenaran el expansionismo italiano. También alejó a Italia de Francia y Gran Bretaña, acercándola a la Alemania de Hitler.

La remilitarización de Renania, 1936

Roto su aislamiento en Europa con la aproximación de Italia, Hitler tomó una medida arriesgada: alegando la ratificación parlamentaria del pacto franco-soviético, Alemania anunció el 7 de marzo de 1936 la reocupación militar del territorio desmilitarizado del Rin. Se trataba de una ruptura flagrante del  Tratado de Versalles y del Tratado de Locarno.

Fue un momento clave. Posteriormente muchos analistas coincidieron que si se hubiera frenado a Hitler en ese momento la evolución de la situación internacional hubiera sido muy diferente. El hecho es que el gabinete francés, presidido por Albert Sarraut, vaciló y tras diversas declaraciones altisonantes se limitó a aceptar el hecho consumado. A la debilidad francesa se añadió la actitud de Gran Bretaña e Italia, teóricas garantes del Tratado de Locarno, que, sin embargo, optaron por no reaccionar. El gobierno de Londres protestó, pero no hizo nada. A Mussolini ni se le pasó por la imaginación colaborar con los países que habían condenado la invasión de Abisinia.

El año 1936 es clave en la reconducción de la política italiana. Mussolini tuvo que optar por emprender una política expansionista en el Mediterráneo (la anexión de Etiopía formaba parte de ese eje de su política exterior) o afirmar sus intereses en la Europa danubiana lo que inevitablemente le enfrentaría con las aspiraciones hitlerianas sobre Austria. El Duce tomó una decisión clara: el terreno de expansión sería el Mediterráneo y el Führer sería su aliado. La guerra que estaba a punto de estallar en España iba a ser el primer ejemplo de la nueva situación.

La guerra civil española, 1936-1939

En el conflicto español se van a entrecruzar los intereses estratégicos de las potencias y el compromiso ideológico de las grandes corrientes políticas del momento.
Las potencias fascistas deciden desde un primer momento ofrecer una ayuda importante a los rebeldes dirigidos por Franco. No sólo conseguían beneficios estratégicos - Italia continuaba su política mediterránea y Alemania podía obtener un aliado que amenazara la retaguardia francesa-, sino que ayudaban a un aliado ideológico en su lucha contra los sistemas democráticos y las ideologías obreras. Portugal se unió desde un principio a esta ayuda a Franco.

La URSS, por otro lado, tuvo muy claro desde un principio su compromiso de ayuda a la República. No sólo se enfrentaba a la expansión del fascismo, sino que alejaba el centro del conflicto entre las potencias al otro confín de Europa, alejando el interés de Hitler de sus fronteras.

Las grandes democracias tuvieron una actitud que podemos catalogar como uno de los grandes engaños diplomáticos del siglo. Gran Bretaña estaba decidida desde un principio a mantenerse neutral. El gobierno conservador británico veía con aprensión la extensión de la influencia germano-italiana a la península y la consecuente puesta en peligro de su base de Gibraltar y su ruta imperial a la India; sin embargo, la orientación revolucionaria que pronto tomaron los acontecimientos en la zona republicana alejó definitivamente de la cabeza del gobierno conservador la posibilidad de una ayuda a la República. El gobierno francés, pese a ser del Frente Popular, de nuevo siguió lo marcado desde Londres.

El gobierno francés de Léon Blum, con el apoyo británico, ofreció a las demás potencias un pacto de no intervención en el conflicto español: se trataba de no facilitar ni hombres ni material de guerra a ninguno de los bandos en conflicto. Se creó así el denominado Comité de No Intervención al cual se adhirieron todas las potencias. El Comité fue una farsa: mientras Francia y Gran Bretaña se abstenían de ayudar al régimen democrático en España, Hitler y Mussolini apoyaron de forma masiva y decisiva la causa de Franco. La única potencia a la que pudo volver sus ojos el gobierno de Madrid fue la URSS, algo que, indefectiblemente, repercutió en la evolución interna de los acontecimientos en la zona republicana. 

El eje Roma-Berlín y el pacto Antikomintern

La camaradería de armas en el suelo español estrechó el acercamiento germano-italiano. La labor del Conde Galeazzo Ciano, cuñado de Mussolini y ministro italiano de Asuntos Exteriores, propició la firma en octubre de 1936 de una declaración de amistad y comunidad de puntos de vista en el terreno internacional entre Alemania e Italia. Mussolini celebró el acontecimiento en un discurso en el que habló de la Vertical Roma-Berlín, convertida por los periodistas en el Eje Roma-Berlín

En noviembre, Alemania y Japón firmaron el denominado Pacto Antikomintern, un acuerdo que, en principio, no se proclamaba anti-soviético sino contrario a la Internacional Comunista. De cualquier manera, el pacto acercó a los gobiernos de Berlín y Tokio. Italia se unió un año después, en 1937. Franco, pocos días antes de concluir la guerra civil español, firmó la adhesión de España a este pacto que ligaba a las potencias fascistas y totalitarias.

Los acontecimientos de 1936, especialmente la guerra española, habían fortalecido a las potencias fascistas totalitarias rompiendo definitivamente el Frente de Stresa. Las potencias occidentales habían visto seriamente debilitada su posición, mientras que la URSS continuaba aislada.

La guerra chino-japonesa , 1937-1945

La política agresiva de las potencias totalitarias dio un paso decisivo en 1937. Fortalecido por sus nuevos lazos con la Alemania de Hitler, en junio de 1937 Japón inició desde Manchukuo la invasión de China.  

De nuevo la pasividad fue la reacción de las potencias. EE.UU. emitió graves protestas pero Roosevelt no quiso comprometer a su país en ningún tipo de aventura exterior. Gran Bretaña y la URSS, las potencias europeas más implicadas en la región, tenían bastantes preocupaciones en Europa con el creciente expansionismo hitleriano para ocuparse de asuntos lejanos del Extremo Oriente.