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Los virajes hacia la guerra
1933-1939



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Galería de Imágenes - Período de Entreguerras 1919-1939
Hitler es nombrado canciller por el
anciano presidente Hindemburg, 1933

  La política germana, 1931-1935
  La reacción diplomática francesa, 1934-1935
  El reingreso de la URSS en el concierto internacional
  El Frente de Stressa y el pacto franco-soviético
  La crisis de Etiopía, 1935-1936
  La remilitarización de Renania, 1936
  La guerra civil española, 1936-1939
  El eje Roma-Berlín y el pacto Antikomintern
  La guerra chino-japonesa , 1937-1945
  La expansión de la Alemania nacional-socialista,1936-1939
  El Anschluss con Austria
  La política de apaciguamiento británica
  Los Sudetes y la Conferencia de Munich
  La invasión nazi de Checoslovaquia
  La crisis polaca y el pacto de no agresión germano-soviético



La política germana, 1931-1935

El impacto de la depresión y la muerte de Stresemann provocaron en Alemania un claro endurecimiento en sus posiciones exteriores, perceptible antes de la llegada al poder del nacionalsocialismo. El decidido propósito de acabar con el pago de las reparaciones, alcanzado tras la Moratoria Hoover y la Conferencia de Lausana; el proyecto de unión aduanera con Austria, frenado por la acción conjunta franco-británica; y la exigencia de igualdad de derechos con las demás potencias en el terreno armamentístico marcan la política iniciada por el canciller Brüning en 1930.

La llegada de Adolf Hitler a la cancillería trajo, no obstante, un nueva política exterior que, más allá de los bandazos tácticos del Führer, reflejaba las ideas expansionistas y militaristas expresadas por el dictador nazi en su Mein Kampf. Hitler tenía como objetivo central destruir el orden de Versalles, y para ello se planteó dos metas inmediatas: crear unas fuerzas armadas poderosas y anexionar al Reich los territorios fuera de él habitados por población germana.

El abandono de la Conferencia de Desarme y de la Sociedad de Naciones en 1933 fueron las primeras actuaciones de la nueva política exterior de Alemania. A la vez, aunque aún de forma muy prudente, Hitler inicia el rearme clandestino.

Hitler, sin embargo, no podía ser muy agresivo en sus primeros momentos en la cancillería. Necesitaba ante todo asentar su poder en Alemania. Así, su primera jugada diplomática fue moderada y hábil. En enero de 1934, Alemania y Polonia, representada por su ministro de exteriores Josef Beck, firmaron un pacto de no agresión. Ambos países, afirmaba el tratado, iniciaban una nueva etapa política basada en los principios del Pacto Briand-Kellogg y en la exclusión de las medidas de fuerza para resolver sus problemas. Fue una maniobra hábil del que aún era menospreciado en muchas cancillerías europeas: Hitler consiguió debilitar los lazos de Francia con Polonia y, a la vez, se cuidó muy mucho de reconocer las fronteras orientales del Reich. 

El momento más grave de esta primera fase de la política exterior hitleriana tuvo lugar en Austria. El canciler austríaco, el conservador Dollfuss, que pocos meses antes había aplastado a los socialdemócratas en Viena, fue asesinado en un intento de golpe de estado nazi en octubre de 1934. Mussolini, que aspiraba a que Austria fuera un estado bajo la influencia italiana, reaccionó inmediatamente y envió tropas a la frontera italo-austríaca del Brennero. El golpe nazi fracasó y un nuevo canciller, Schusnigg, llegó al poder en Viena. Pese a las protestas del gobierno Berlín, que afirma desconocer totalmente la actuación de sus correligionarios austríacos, las relaciones entre Mussolini y Hitler se deterioraron de forma importante. El dictador alemán se dio cuenta de las dificultades de llevar a cabo el Anschluss contra la opinión de Mussolini.
El año de 1935 trajo dos hechos destacables. En primer lugar, cumpliendo lo estipulado en el  Tratado de Versalles, se celebró un plebiscito en el territorio del Sarre, hasta ese momento administrado y explotado por Francia. La abrumadora victoria de las posiciones partidarias del retorno al Reich alemán, más del 90% de los sufragios emitidos, reforzó la política nacionalista de Hitler. El segundo paso fue mucho más trascendente, Hitler, tomando como pretexto la prolongación de la duración del servicio militar en Francia, anunció el restablecimiento del servicio militar obligatorio en Alemania.

La reacción diplomática francesa, 1934-1935

Francia era evidentemente el país más amenazado por la política revisionista de Hitler. Tras el abandono alemán de la Conferencia de Desarme y la evidencia del rearme germano, el 17 de abril de 1934, el gobierno de París publicó una nota diplomática denunciando el rearme alemán y proclamando la determinación francesa de defenderse por sí misma.

Era el primer acto del nuevo ministro de asuntos exteriores francés, Louis Barthou, quien desde febrero de 1934 estaba dirigiendo una acción diplomática destinada a conseguir que Alemania garantizara el respeto a sus fronteras orientales. Se trataba de conseguir un Locarno del Este. 

Francia inició una vigorosa actividad diplomática a lo largo de toda Europa. Fruto de ella fue la aproximación del gobierno de París a la URSS y a la Italia de Mussolini.

El reingreso de la URSS en el concierto internacional 

El antibolchevismo sistemático del nuevo gobierno nazi y el rearme alemán provocaron un importante cambio en la orientación de la diplomacia soviética. A partir de 1933, Moscú proclamó que no aspiraba a revisar los tratados de 1919 y firma acuerdos bilaterales de no agresión que casi todos sus vecinos. La culminación de este proceso llegó en septiembre de 1934 con el ingreso de la URSS en la Sociedad de Naciones

La amenaza nazi motivó un cambio importante en la orientación política de la Internacional Comunista. Stalin ordenó el abandono de la anterior táctica de clase contra clase, que tanto había hecho para desunir a la izquierda alemana y facilitar el ascenso de Hitler, y, en agosto de 1935, el VII Congreo de la Komintern afirmó que el fascismo constituía una grave amenaza para la URSS y la paz mundial y autorizó la búsqueda de alianzas con la izquierda y la burguesía progresista para construir alianzas antifascistas. Los Frentes Populares en Francia y España, sobre todo en la guerra civil, serán los más claros ejemplos de esta nueva orientación.

El Frente de Stresa y el pacto franco-soviético

En octubre de 1934,  Louis Barthou muere asesinado por un ustacha croata cuando acompañaba en Marsella en una visita al Rey de Yugoslavia. Le sucede al frente del ministerio de asuntos exteriores, el Quai d'Orsay,  Pierre Laval. El nuevo ministro aunque sigue básicamente las directrices marcadas por Barthou, cambia las prioridades: la alianza con Italia adquiere más importancia que el pacto con la Rusia soviética. Laval, hombre de ideas conservadoras, adopta además una política más conciliadora con Alemania, como demostró las facilidades dadas a la anexión germana del Sarre.

La aproximación a Italia se inició en enero de 1935. Laval y Mussolini ponen fin a las diferencias entre París y Roma en los asuntos coloniales y en la Europa danubiana. Este acuerdo franco-italiano se amplió rápidamente a Gran Bretaña. La implantación del servicio militar obligatorio en Alemania precipitó la reunión el 11 abril de 1935 de la denominada Conferencia de Stresa. Las tres potencias reafirman en una declaración conjunta su apoyo a la independencia de Austria, su crítica a la política armamentística de Hitler y su acuerdo en "oponerse, por todos los medios a su alcance, a cualquier abandono unilateral de los tratados (de 1919) susceptible de poner en peligro la paz en Europa".

El mes siguiente, en mayo de 1935, se firmó el Pacto franco-soviético. Laval continuó las negociaciones que había iniciado Barthou con los soviéticos. Concluyó el pacto que estableció la ayuda mutua en caso de agresión no provocada, pero se negó a añadir una convención militar, propuesta por los soviéticos, que hubiera dado mucho mayor vigor al pacto. La presión de los sectores más conservadores de la sociedad francesa de alguna manera aguó la virtualidad del pacto franco-soviético

La actitud británica tampoco ayudó a proyectar una imagen de firmeza ante Hitler. Ese mismo mes de mayo se firma el Acuerdo naval germano-británico por el que Gran Bretaña daba su reconocimiento al desarrollo naval alemán, aún cuando el acuerdo lo limitaba a una flota que no debía superar el 35% de la armada británica.
Pese a todo, el pacto entre París y Moscú supuso un paso importante a la hora de construir la gran coalición antihitleriana ideada por Barthou. La firma de un Pacto de ayuda mutua entre la URSS y Checoslovaquia complementó y reforzó la red de alianzas promovidas por Francia.