El impacto de la depresión y la muerte de
Stresemann provocaron en Alemania un
claro endurecimiento en sus posiciones exteriores, perceptible antes de la
llegada al poder del nacionalsocialismo. El decidido propósito de acabar con el
pago de las reparaciones, alcanzado tras la
Moratoria Hoover y la Conferencia de
Lausana; el proyecto de unión aduanera con Austria, frenado por la acción
conjunta franco-británica; y la exigencia de igualdad de derechos con las demás
potencias en el terreno armamentístico marcan la política iniciada por el
canciller Brüning en 1930.
La llegada de
Adolf Hitler a la cancillería trajo, no obstante, un nueva
política exterior que, más allá de los bandazos tácticos del Führer, reflejaba
las ideas expansionistas y militaristas expresadas por el dictador nazi en su
Mein Kampf. Hitler tenía como objetivo central destruir el orden de
Versalles, y
para ello se planteó dos metas inmediatas: crear unas fuerzas armadas poderosas
y anexionar al Reich los territorios fuera de él habitados por población
germana.
El abandono de la
Conferencia de Desarme y de la
Sociedad de Naciones en 1933
fueron las primeras actuaciones de la nueva política exterior de Alemania. A la
vez, aunque aún de forma muy prudente,
Hitler inicia el rearme clandestino.
Hitler, sin embargo, no podía ser muy agresivo en sus primeros momentos en la
cancillería. Necesitaba ante todo asentar su poder en Alemania. Así, su primera
jugada diplomática fue moderada y hábil. En enero de 1934, Alemania y Polonia,
representada por su ministro de exteriores
Josef Beck, firmaron un pacto de no
agresión. Ambos países, afirmaba el tratado, iniciaban una nueva etapa política
basada en los principios del
Pacto Briand-Kellogg y en la exclusión de las
medidas de fuerza para resolver sus problemas. Fue una maniobra hábil del que
aún era menospreciado en muchas cancillerías europeas:
Hitler consiguió
debilitar los lazos de Francia con Polonia y, a la vez, se cuidó muy mucho de
reconocer las fronteras orientales del Reich.
El momento más grave de esta primera fase de la política exterior hitleriana
tuvo lugar en Austria. El canciler austríaco, el conservador
Dollfuss, que pocos
meses antes había aplastado a los socialdemócratas en Viena, fue asesinado en un
intento de golpe de estado nazi en octubre de 1934.
Mussolini, que aspiraba a
que Austria fuera un estado bajo la influencia italiana, reaccionó
inmediatamente y envió tropas a la frontera italo-austríaca del Brennero. El
golpe nazi fracasó y un nuevo canciller,
Schusnigg, llegó al poder en Viena.
Pese a las protestas del gobierno Berlín, que afirma desconocer totalmente la
actuación de sus correligionarios austríacos, las relaciones entre
Mussolini y
Hitler se deterioraron de forma importante. El dictador alemán se dio cuenta de
las dificultades de llevar a cabo el
Anschluss contra la opinión de
Mussolini.
El año de 1935 trajo dos hechos destacables. En primer lugar, cumpliendo lo
estipulado en el
Tratado de Versalles, se celebró un plebiscito en el territorio
del Sarre, hasta ese momento administrado y explotado por Francia. La abrumadora
victoria de las posiciones partidarias del retorno al Reich alemán, más del 90%
de los sufragios emitidos, reforzó la política nacionalista de
Hitler. El
segundo paso fue mucho más trascendente,
Hitler, tomando como pretexto la
prolongación de la duración del servicio militar en Francia, anunció el
restablecimiento del servicio militar obligatorio en Alemania.

Francia era evidentemente el país más amenazado por la política revisionista de
Hitler. Tras el abandono alemán de la
Conferencia de Desarme y la evidencia del
rearme germano, el 17 de abril de 1934, el gobierno de París publicó una nota
diplomática denunciando el rearme alemán y proclamando la determinación francesa
de defenderse por sí misma.
Era el primer acto del nuevo ministro de asuntos exteriores francés,
Louis
Barthou, quien desde febrero de 1934 estaba dirigiendo una acción diplomática
destinada a conseguir que Alemania garantizara el respeto a sus fronteras
orientales. Se trataba de conseguir un Locarno del Este.
Francia inició una vigorosa actividad diplomática a lo largo de toda Europa.
Fruto de ella fue la aproximación del gobierno de París a la URSS y a la Italia
de Mussolini.
El antibolchevismo sistemático del nuevo gobierno nazi y el rearme alemán
provocaron un importante cambio en la orientación de la diplomacia soviética. A
partir de 1933, Moscú proclamó que no aspiraba a revisar los tratados de 1919 y
firma acuerdos bilaterales de no agresión que casi todos sus vecinos. La
culminación de este proceso llegó en septiembre de 1934 con el ingreso de la
URSS en la Sociedad de Naciones .
La amenaza nazi motivó un cambio importante en la orientación política de la
Internacional Comunista.
Stalin ordenó el abandono de la anterior táctica de
clase contra clase, que tanto había hecho para desunir a la izquierda alemana y
facilitar el ascenso de
Hitler, y, en agosto de 1935, el VII Congreo de la
Komintern afirmó que el fascismo constituía una grave amenaza para la URSS y la
paz mundial y autorizó la búsqueda de alianzas con la izquierda y la burguesía
progresista para construir alianzas antifascistas. Los Frentes Populares en
Francia y España, sobre todo en la guerra civil, serán los más claros ejemplos
de esta nueva orientación.

En octubre de 1934,
Louis
Barthou muere asesinado por un ustacha croata cuando
acompañaba en Marsella en una visita al Rey de Yugoslavia. Le sucede al frente
del ministerio de asuntos exteriores, el Quai d'Orsay,
Pierre Laval. El nuevo
ministro aunque sigue básicamente las directrices marcadas por
Barthou, cambia
las prioridades: la alianza con Italia adquiere más importancia que el pacto con
la Rusia soviética.
Laval, hombre de ideas conservadoras, adopta además una
política más conciliadora con Alemania, como demostró las facilidades dadas a la
anexión germana del Sarre.
La aproximación a Italia se inició en enero de 1935.
Laval y
Mussolini ponen fin
a las diferencias entre París y Roma en los asuntos coloniales y en la Europa
danubiana. Este acuerdo franco-italiano se amplió rápidamente a Gran Bretaña. La
implantación del servicio militar obligatorio en Alemania precipitó la reunión
el 11 abril de 1935 de la denominada
Conferencia de Stresa. Las tres potencias
reafirman en una declaración conjunta su apoyo a la independencia de Austria, su
crítica a la política armamentística de
Hitler y
su acuerdo en "oponerse, por todos los medios a su alcance, a cualquier abandono
unilateral de los tratados (de 1919) susceptible de poner en peligro la paz en
Europa".
El mes siguiente, en mayo de 1935, se firmó el
Pacto franco-soviético.
Laval
continuó las negociaciones que había iniciado
Barthou
con los soviéticos. Concluyó el pacto que estableció la ayuda mutua en caso de
agresión no provocada, pero se negó a añadir una convención militar, propuesta
por los soviéticos, que hubiera dado mucho mayor vigor al pacto. La presión de
los sectores más conservadores de la sociedad francesa de alguna manera aguó la
virtualidad del
pacto franco-soviético.
La actitud británica tampoco ayudó a proyectar una imagen de firmeza ante
Hitler.
Ese mismo mes de mayo se firma el
Acuerdo naval germano-británico por el que
Gran Bretaña daba su reconocimiento al desarrollo naval alemán, aún cuando el
acuerdo lo limitaba a una flota que no debía superar el 35% de la armada
británica.
Pese a todo, el pacto entre París y Moscú supuso un paso importante a la hora de
construir la gran coalición antihitleriana ideada por
Barthou. La firma de un
Pacto de ayuda mutua entre la URSS y Checoslovaquia complementó y reforzó la red
de alianzas promovidas por Francia.