A principios de 1924, todas las grandes potencias buscaban un acuerdo que
permitiera alcanzar la estabilidad monetaria internacional. Gran Bretaña trataba
de restablecer el patrón-oro, Estados Unidos necesitaba estabilidad monetaria
para colocar en Europa sus excedentes financieros, Alemania necesitaba
absolutamente préstamos internacionales para tratar de asentar su nueva moneda,
el Rentenmark, que acababa de sustituir a un marco sin valor alguno, y, por
último, Francia debía tomar medidas para salvar al franco, muy debilitado tras
la invasión del Ruhr.
Los países anglosajones, Gran Bretaña y especialmente la gran potencia
estadounidense, van a intervenir forzando a Francia y a Alemania a la
negociación. Francia ya no tenía fuerzas para continuar con su política de
ejecución de los tratados. Para muchos historiadores nos hallamos en un momento
clave: en adelante Francia inicia una política exterior de subordinación a Gran
Bretaña, consciente de su debilidad y de que la recuperación económica llevará a
Alemania a constituirse de nuevo en una enorme amenaza, el gobierno de París
inicia un periodo de subordinación a la política de Londres. Esta nueva postura,
como veremos, será clave para entender las políticas aplicadas en los años
treinta ante la creciente amenaza hitleriana.
En el verano de 1924 se reunió la Conferencia de Londres con el objetivo de
aplicar el denominado
Plan Dawes. El plan, redactado por un comité presidido por
el financiero norteamericano
Charles Dawes, significó esencialmente una notable
reducción del volumen total de las deudas alemanas y un importante flujo de
inversiones norteamericanas en Alemania con el objetivo de reflotar la economía
germana. Se trataba básicamente de poner de nuevo en funcionamiento el sistema
financiero mundial: los norteamericanos prestaban e invertían en Alemania, para
que su renacida economía fuera capaz de cumplir con la obligación de las
reparaciones y, así, los países europeos de la
Entente (Francia, Italia, Gran
Bretaña) pudieran pagar las deudas adquiridas con EE.UU. durante el conflicto.
La economía europea recibió alborozada el nuevo ambiente de concordia y
colaboración. A partir de 1924 se inicia un corto periodo de bonanza económica.
La euforia económica tuvo su correspondiente euforia política.

La propuesta de
Gustav Stresemann
en febrero de 1925 de llegar a un reconocimiento legal de las fronteras
occidentales establecidas en el Tratado de Versalles, encontró una rápida
respuesta de Aristide Briand, recién nombrado ministro de asuntos exteriores en
París. Las negociaciones iniciadas culminaron con la reunión de los
representantes de las grandes potencias en la ciudad suiza de Locarno durante el
mes de octubre de 1925.
Gustav Stresemann por Alemania,
Aristide Briand por
Francia, Austen Chamberlain por Gran Bretaña,
Benito Mussolini por Italia y
Émile Vandervelde representando a Bélgica debatieron los grandes temas que
afectaban a la seguridad europea.
Los Tratados de Locarno
fueron finalmente ratificados y firmados en Londres en diciembre de 1925.
El principal de los tratados firmados en Locarno es el pacto de garantía mutua
de las fronteras occidentales de Alemania, incluyendo la zona desmilitarizada de
Renania. Alemania, por primera vez, aceptaba de iure sus fronteras con Francia y
Bélgica aprobadas en Versalles. Los tres países interesados firmaron el tratado,
junto al Reino Unido e Italia que harían el papel de garantes del tratado.
La gran debilidad de los
Tratados de Locarno
fue que Alemania no quiso ni oír hablar de firmar pactos similares con respecto
a sus fronteras orientales. Alemania nunca reconoció sus nuevas fronteras con
Polonia y Checoslovaquia, y, allí, efectivamente se inició la crisis que llevó a
la segunda guerra mundial.
Pese a todo, Locarno marcó el inicio de un nuevo período de distensión, lo que
los historiadores han denominado la era Briand-Stresemann, por el papel clave
que jugaron los jefes de las diplomacias francesa y alemana en los años
subsiguientes. Un nuevo espíritu de concordia, el espíritu de Locarno, dominó la
escena internacional hasta la llegada de la depresión económica en 1929.

El primer gran acto de este periodo es el ingreso de Alemania en la Sociedad
de Naciones. La emotiva sesión de la Sociedad en Ginebra tuvo una gran
resonancia internacional.
Briand dio la bienvenida a su colega germano y
Stresemann respondió con un discurso en el que exclamó: "¡Abajo los fusiles, las
ametralladoras y los cañones! ¡Paso a la conciliación, al arbitraje y a la
paz!". El ingreso de Alemania, además de dar mayor credibilidad a la Sociedad de
Naciones, significaba el reconocimiento del status de gran potencia al país
germano.
En este nuevo ambiente internacional, en 1927
Briand entró en contacto con su
colega norteamericano Frank Kellogg, de estos contactos nació el denominado
Pacto Briand-Kellogg, firmado solemnemente en agosto de 1927. Este acuerdo, que
no tenía importante contenido real, tenía, sin embargo, un importante valor
simbólico y ejemplificador: Francia y EE.UU. renunciaban a la guerra como medio
para solucionar cualquier diferencia entre ambos países. París y Washington
invitaban a los demás estados a adherirse a este pacto que declaraba ilegítima a
la guerra. En 1929, más de 60 países, entre ellos Alemania, habían firmado el
pacto.
Briand, que había tomado contacto con el conde Coudenhove-Kalergi, líder del
movimiento Paneuropa, pronunció en septiembre de 1929 un discurso en la Asamblea
General de la Sociedad de Naciones en el que proclamaba la necesidad de
constituir una Unión Europea. Este es uno de los últimos momentos del espíritu
de Locarno, el estallido de la crisis económica hizo que la propuesta de
Briand
cayera en el vacío. Al año siguiente, en septiembre de 1930, el ambiente
internacional era muy diferente y la propuesta de
Briand fue retirada.
Stresemann, mientras tanto, llevaba a cabo una decidida política de revisión
del
Tratado de Versalles. Fortalecida en su posición internacional, contando con
la comprensión de los países anglosajones y con una economía en crecimiento,
Alemania tenía cada vez más poder para incidir en las grandes decisiones
internacionales. Fruto de la labor diplomática de
Stresemann fueron la
evacuación de las tropas aliadas que aún quedaban en Renania en 1930 (cinco años
antes de lo estipulado en el
Tratado de Versalles) y una nueva renegociación del
pago de las reparaciones, concretada en llamado
Plan Young de 1929. En este
nuevo arreglo, en el que se reducía el monto total de las reparaciones, se
preveía que Alemania pagara indemnizaciones a los vencedores ¡hasta 1988!
La depresión económica que estaba a punto de estallar al otro lado del
Atlántico vino a poner fin no solo a las previsiones del
Plan Young sino también
al corto periodo de concordia internacional que había disfrutado el mundo.