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Los problemas de la posguerra
1919-1923



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Galería de Imágenes - Período de Entreguerras 1919-1939
El presidente Wilson fracasó en su intento de
que EE.UU. se uniera a la Sociedad de Naciones
 

  El nacimiento de la Sociedad de Naciones
  Las tensiones en los territorios
del antiguo Imperio Habsburgo

  La política de alianzas de Francia e Italia en la Europa central
  La desintegración del Imperio Otomano y la guerra greco-turca
  El problema soviético
  El aislacionismo norteamericano
  El expansionismo japonés: los Tratados de Washington
  La aplicación del Tratado de Versalles: el problema alemán



El aislacionismo norteamericano

El aislacionismo, es decir, el rechazo a implicarse en alianzas permanentes, tiene en EE.UU. una larga tradición que se remonta a las administraciones presididas por George Washington. 

El rechazo del Senado norteamericano a firmar el Tratado de Versalles y el Pacto de la Sociedad de Naciones es el más célebre e importante ejemplo de aislacionismo norteamericano.

Para que Estados Unidos se adhiriera a ambos tratados era necesario que el Senado los ratificara por una mayoría de dos tercios. El presidente demócrata  Wilson, que tenía que hacer frente a un Senado con mayoría republicana desde 1918, pecó de confianza y dio por sentado que conseguiría la aprobación de la cámara.  Wilson, quien sufrió un accidente cerebrovascular  que le obligó a permanecer en su casa tres meses en pleno debate de la cuestión, se negó a pactar cualquier tipo de enmienda de los tratados con el líder republicano en el Comité de asuntos exteriores del Senado, Henry Cabot Lodge. Cuando, efectivamente, su propuesta fue derrotada en el Senado,  Wilson pensó que una victoria demócrata en las elecciones que se debían celebrarse en 1920 permitiría la definitiva ratificación de los tratados. Sin embargo,  Wilson había perdido contacto con la realidad norteamericana, la victoria del candidato republicano, Harding, llevó a que EE.UU. rechazara definitivamente el Tratado de Versalles y la Sociedad de Naciones. En agosto de 1921, el gobierno de Washington firmó por separado tratados de paz con Alemania, Austria y Hungría.

A partir de ese momento, la tarea de supervisar la ejecución del Tratado de Versalles se hizo infinitamente más difícil. Francia y Gran Bretaña, a menudo enfrentadas, con la escasa ayuda de Bélgica e Italia, se vieron solas a la hora de implementar un tratado que se había negociado entre los vencedores asumiendo la plena participación norteamericana.
Sin embargo, la política norteamericana durante los años 20 no puede ser calificada de plenamente aislacionista, ya que se implicó activamente en temas como el control de armamentos o las reparaciones de guerra (Plan Dawes). 

El impacto de la depresión inclinó la balanza hacia posturas más aislacionistas: la Ley de Neutralidad de 1935 es el mejor ejemplo de esta actitud reforzada. Hubo que esperar al inicio de la II Guerra Mundial para que la potencia norteamericana optara por una política de decidido intervencionismo internacional.

El expansionismo japonés: los Tratados de Washington

Pese a su escasa participación en la guerra, la posición nipona en el Extremo Oriente quedó enormemente reforzada tras la conclusión de la Gran Guerra. El eclipse ruso, al que se añadía el abandono de Alemania, convirtieron a Japón en la única gran potencia a las puertas de China y en la tercera potencia naval del mundo.

La inquietud que provocó este hecho en EE.UU. hizo que el presidente Harding, con el apoyo del líder británico Lloyd George, invitara a siete potencias (Gran Bretaña, Japón, Francia, Italia, China, Holanda y Bélgica) a reunirse en Washington.
La Conferencia de Washington (noviembre de 1921-febrero de 1922) concluyó con la firma de tres tratados:

El Tratado de las Cuatro Potencias (EE.UU., Gran Bretaña, Japón y Francia) implicaba un compromiso mutuo de reconocimiento de las posesiones de cada potencia en el Pacífico y la promesa de consultarse en caso de controversias o acciones agresivas de cualquier país en la zona.

El Tratado de las Cinco Potencias (EE.UU., Gran Bretaña, Japón, Francia e Italia) significó la adopción de ciertas medidas encaminadas al desarme naval. Aunque no se pusieron límites a otro tipo de navíos, con respecto a la flota de acorazados se estableció unas proporciones: EE.UU. y Gran Bretaña mantendrían una paridad, Japón podría llegar a un 60% de esa cantidad, y Francia e Italia alcanzarían el 35%, es decir, índices 5 para EE.UU. y Gran Bretaña, 3 para Japón, y 1.67 para Francia e Italia.

Por último, el denominado Tratado de las Nueve Potencias implicó un compromiso de respeto a la integridad territorial de China.

Tres conclusiones principales se pueden extraer de estos acuerdos de Washington: el inicio de una estrecha política de entendimiento entre EE.UU. y Gran Bretaña; el reconocimiento de la superioridad marítima de las potencias anglosajonas; y la aceptación del poderío naval japonés en en el Pacífico.