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Los problemas de la posguerra
1919-1923



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Galería de Imágenes - Período de Entreguerras 1919-1939
Trostky arengando al Ejército Rojo, 1918

  El nacimiento de la Sociedad de Naciones
  Las tensiones en los territorios
del antiguo Imperio Habsburgo

  La política de alianzas de Francia e Italia en la Europa central
  La desintegración del Imperio Otomano y la guerra greco-turca
  El problema soviético
  El aislacionismo norteamericano
  El expansionismo japonés: los Tratados de Washington
  La aplicación del Tratado de Versalles: el problema alemán



La Desintegración del Imperio Otomano y la guerra greco-turca

La cuestión turca nos muestra un buen ejemplo de la vieja diplomacia secreta que  Wilson  y la Sociedad de Naciones trataban de desterrar.

Británicos y franceses habían llegado a un acuerdo para repartirse las posesiones árabes del Imperio Turco (Acuerdo Sykes-Picot, 1916), al que añadieron un nuevo tratado secreto con los italianos concediéndoles algunos territorios en el sur de Anatolia (Acuerdo de Saint-Jean-de-Maurienne, 1917). A todo ello se unió al acabar el conflicto, la aprobación franco-británica a las aspiraciones griegas en zonas de Anatolia con población helena.

El Tratado de Sèvres en agosto de 1920 fue enormemente duro con Turquía y, además, no tomó en cuenta el triunfo en Estambul de la revolución de Mustafá Kemal "Atatürk" en 1919. El nuevo líder turco representaba la causa modernizadora y nacionalista ante las aspiraciones imperialistas de los vencedores.

Tropas de la Entente ocuparon Estambul en marzo de 1920 y, poco después, el ejército griego inició la invasión del país. La guerra greco-turca (1919-1922) que siguió, estuvo jalonada de masacres -más del 20% de la población masculina de Anatolia murió- y concluyó con la victoria turca. Más de un millón de griegos fueron deportados de Anatolia.
El Tratado de Lausana (1923) puso fin al proceso de desintegración turco. Aunque se mantuvieron cláusulas lesivas para Turquía, ésta mantuvo el control de Anatolia y la Tracia oriental. Ese mismo año se abolió el Sultanato y se proclamó la República Turca.

No hubo, sin embargo, ninguna concesión a Turquía en lo referente a sus posesiones árabes. Gran Bretaña y Francia se repartieron las posesiones del Oriente Medio, siguiendo, a grandes rasgos, lo establecido en el Acuerdo Sykes-Picot.

El Problema Soviético

Uno de los grandes problemas que siguieron al fin de la primera guerra mundial fue la fijación de las fronteras del nuevo estado soviético. La Entente desde el armisticio de diciembre de 1917 y, muy especialmente, desde el Tratado de Brest-Litovsk ayudaba activamente a los opositores al bolchevismo. Esta ayuda se concretó al estallar la  guerra civil en 1918 en una activa intervención militar en apoyo al Ejército Blanco.

El gobierno bolchevique tenía puesta su esperanza en la extensión de la revolución al corazón de Europa. Los fracasos de la insurrección espartaquista en Berlín y de la república soviética de Béla Kun en Budapest pusieron fin a estos sueños de revolución mundial.

No obstante, los éxitos del Ejército Rojo de Trotski forzaron un cambio de la política de los Aliados. Las tropas de intervención fueron retiradas en 1919 y se inició la conocida como política de cordón sanitario: se trataba de crear una serie de estados antisoviéticos en la frontera occidental que permitieran frenar la expansión del comunismo.

Aprovechando el caos de la derrota, la revolución y la guerra civil, finlandeses, bálticos y polacos se precipitaron a romper lazos con la antigua potencia rusa. Así, con mayores o menores dificultades, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania accedieron a la independencia.
En Polonia, el general Jósef Pilsudski había proclamado la República polaca en noviembre de 1918. El nuevo estado buscó establecer unas fronteras lo más favorables posible, no dudando en continuar guerreando contra alemanes, rusos o ucranianos. Frenado, a instancias de los aliados, el ataque polaco en occidente en enero de 1919, el gobierno de Varsovia continuó su expansión hacia el este, alcanzando Kiev, la capital de Ucrania, en 1920.

Los aliados, en la figura del ministro de asuntos exteriores británico Lord Curzon, propusieron una línea de frontera ruso-polaca, la línea Curzon, que dividía la Rusia Blanca (Bielorrusia) entre los dos estados.

Tras llevar la iniciativa en la primera fase de la guerra, los polacos vieron como el contraataque soviético llevó al Ejército Rojo hasta las puertas de Varsovia. Los polacos resistieron con el apoyo francés. Finalmente, en marzo de 1921, se firmó el Tratado de Riga. La frontera ruso-polaca se fijaba en una línea de 150 a 200 kilómetros al oriente de la línea Curzon.

A las grandes pérdidas territoriales rusas se le vino a añadir la Besarabia, anexionada por Rumania.