Nacido en el seno de una familia campesina, se unió al partido Baath en 1957.
Dos años más tarde participó en un atentado contra el primer ministro iraquí
Qasim y, herido, huyó a Siria y Egipto donde estudió algún curso de Derecho.
Tras el primer período en el poder en Bagdad del Baath en 1963 fue
encarcelado. Escapó y participó en el golpe que llevó al Baath definitivamente
al poder en 1968, como hombre fuerte del régime colaboró con el presidente Ahmad Hasan al-Bakr
que nacionalizó el petróleo en 1972.
En 1979 accedió al poder, siendo nombrado, entre otros cargos, presidente
del Consejo de Mando Revolucionario y primer ministro. Estableció una férrea y
cruel dictadura basada en la policía política y promovió un amplio culto de la
personalidad.
Tratando de suplantar a Egipto como líder del mundo árabe llevó a cabo una
política exterior expansionista y aventurera. En 1980, aprovechando el
desorden revolucionario en el país de Jomeini, atacó Irán iniciando una larga
y brutal guerra que duró ocho años. Pese a los gastos que produjo el conflicto
y la creciente deuda iraquí, Saddam continuó con el rearme.
En agosto de 1990 el ejército iraquí invadió el vecino y rico Kuwait. El
motivo aparente era aprovecharse de la riqueza petrolera kuwaití para
recuperar la maltrecha economía iraquí. Saddam no calculó bien sus movimientos
y provocó una reacción internacional dirigida por EE.UU. y patrocinada por la
ONU que llevó a la formación de una coalición armada. El ataque contra Irak se
inició el 16 de enero de 1991 y en seis semanas concluyó con la retirada
iraquí de Kuwait. Sorpresivamente, las tropas norteamericanas y aliadas no
avanzaron hasta Bagdad y permitieron la supervivencia de la dictadura de
Saddam. Las rebeliones internas de chiítas y kurdos fueron brutalmente
reprimidas ante la inactividad de las tropas de la coalición.
Las condiciones de paz fueron muy duras: prohibición de producir armas
químicas, bacteriológicas y nucleares, embargo económico, zonas de exclusión
aérea... Irak siguió bajo la bota de Saddam y su dictadura, y su población
sufrió brutalmente las sanciones internacionales. Sin embargo, las tragedias
para la antigua Mesopotamia no acabarían ahí. En el 2003 un ejército
anglo-norteamericano invadió Irak y desalojó del poder a un Saddam Hussein que
desapareció.
En paradero desconocido durante varios meses, fue detenido el 13 de
diciembre de 2003, en un sótano, que más bien era un agujero, en los
alrededores de su localidad natal, Tikrit.
En 2006, Hussein fue condenado por un Alto Tribunal Penal iraquí por
haber cometido un crimen contra la Humanidad cuando ordenó la ejecución de 148
chiítas de la aldea de Duyail en 1982. Este no es el único delito sobre el que
se le atribuye la última responsabilidad. También se le acusaba, entre otros,
del ataque químico a Halabja, en el Kurdistán, en 1988 y el aplastamiento de
la rebelión chiíta en 1991. Todo esto sin contar los centenares de miles de
muertos que provocaron las guerras que desencadenó: la guerra contra Irán
(1980-88) y la invasión de Kuwait (1990).
Saddam Hussein fue ejecutado el 30 de diciembre de 2006. La ejecución fue una
vergüenza mundial, pues, durante el acto, sus verdugos chiítas no tuvieron
ningún reparo en insultarle. El vídeo de su ejecución ha circulado por todo el
mundo.