Cuarto hijo del vizconde Halifax, importante figura de la iglesia anglicana,
fue elegido diputado por el partido conservador en 1910, desempeñando en
adelante diversos cargos gubernamentales y en las colonias.
Fue nombrado ministro de asuntos exteriores (secretario del
Foreign Office) por Chamberlain, tras la dimisión de Anthony Eden en febrero
de 1938. Su aceptación del cargo fue muy controvertido pues, de alguna manera,
significaba apoyar la "política de apaciguamiento" que Chamberlain había
aplicado en los años anteriores.
Cuando la derrota de Francia precipitó el cambio en el
gobierno en mayo de 1940, el nuevo primer ministro, Winston Churchill, le
mantuvo en el cargo aunque por poco tiempo. Para subrayar la importancia que
Churchill daba a la relación con Estados Unidos, al morir el entonces
embajador en Washington, Lord Lothian, Halifax fue nombrado embajador en
diciembre de 1940.
Ese periodo de embajador, que duró hasta mayo de 1946, fue
el momento más destacado de su carrera. Su labor fue esencial para fortalecer
los lazos entre Londres y Washington durante la guerra.