Este oficial francés preconizó en los años 30 la formación de un ejército
profesional en el que las divisiones acorazadas de tanques tuvieran un
especial protagonismo. El éxito de la guerra relámpago alemana en 1939-1940
demostró el acierto de sus planteamientos.
Nombrado subsecretario de Defensa el 5 de junio de 1940, abandonó Francia
al formarse el gabinete presidido por Pétain. El 18 de junio de 1940 pronunció
un célebre discurso a través de la BBC británica en la que llamó a los
franceses a la resistencia contra la invasión alemana. El 28 de junio, Winston
Churchill le reconoció como jefe del movimiento de la Francia Libre. Al
carecer de cualquier mandato legal, luchó incansablemente por que Francia
fuera reconocida por las fuerzas aliadas como país cobeligerante.
Pese a las reticencias de Roosevelt, finalmente, en octubre de 1944, los
aliados reconocieron el Gobierno provisional de la República Francesa que creó
tras el desembarco de Normandía en junio de 1940. Aunque Francia no fue
invitada a las conferencias de Yalta y Potsdam, la determinación de De Gaulle
consiguió que Francia fuera reconocida como potencia vencedora tras la
capitulación alemana en mayo de 1945 y que, por consecuencia, obtuviera el
rango de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y el derecho a
una zona de ocupación de Alemania.
La política exterior de De Gaulle va a estar en adelante impregnada por un
fuerte nacionalismo basado en la idea de independencia nacional y de
mantenimiento de Francia en el status de gran potencia. Este planteamiento
llevó a que él y su partido, la Unión del Pueblo Francés (Rassemblement
du Peuple Français; RPF) se manifestara contrario a la división de
bloques del mundo, a la partición de Alemania y a la creación de una Comunidad
Europea de Defensa (CED) en 1954.
Apartado durante un tiempo de la política, volvió en 1958 como salvador de
la difícil situación creada por la guerra de Argelia. Tras desdecirse de sus
promesas anteriores, aceptó la independencia argelina en 1962 y llevó una
política independiente de Estados Unidos en el Tercer Mundo. Ejemplo de ello
fue su discurso en Phnom-Penh en Camboya, crítico con el papel norteamericano
en Indochina y Vietnam.
También en Europa intentó llevar una política independiente, marcada por un
fuerte nacionalismo de potencia. Su doble negativa al ingreso de Gran Bretaña
en la CEE (1963 y 1967), al ver al gobierno de Londres como un mero
instrumento de Washington, su viaje a la URSS en 1966 o la salida de Francia
de la estructura militar integrada de la OTAN ese mismo año son buenos
ejemplos de la política exterior gaullista.